Priscila Cruz diz que Brasil faz 'voos de galinha' em vez de pensar educação a longo prazo; para Daniel Cara, fim de editorias especializadas afetou cobertura da imprensa e enfraqueceu debate público
O desafio de implementar ou manter políticas públicas de educação em meio ao cenário de instabilidade política foi o tema da mesa “A educação em tempos de incerteza”, que contou representantes do movimento Todos Pela Educação, da Campanha Nacional pelo Direito à Educação e representantes de secretários estaduais e municipais. No painel, foi destaque o papel do jornalista para o debate qualificado sobre a continuidade (ou a falta dela) das políticas na área.
Priscila Cruz, presidente do Todos Pela Educação, disse que a descontinuidade das políticas na área deveria ser um dos grandes pontos de questionamento dos jornalistas na cobertura. "A gente fala tanto que educação é feita a longo prazo, mas o que temos são voos de galinha", disse Priscila. “Temos um histórico no Brasil de programas abandonados.” Apesar disso, ela reconheceu avanços na cobertura sobre o tema.
Já o coordenador-geral da Campanha Nacional pelo Direito à Educação, Daniel Cara, discorda. Para ele, a demissão de jornalistas e a desativação de editorias especializadas vem enfraquecendo o debate. “É preciso dar um passo além de ouvir os dois lados -- uma fonte crítica e outra governamental.” A falta de uma abordagem mais profunda resultou, para ele, em uma discussão superficial sobre a reforma do ensino médio. “A imprensa deveria ser mais analítica sobre fatos constituídos.”
Daniel também disse que a imprensa precisa questionar análises que atrelam a preservação de direitos à situação da economia. “A economia deve servir à educação, não a educação à economia” , afirmou.
Para o secretário de Educação do Ceará, Idilvan Alencar, a reforma do ensino médio é um exemplo de política pública que "traz mais dúvidas do que respostas”. Alencar, que também preside o Consed (Conselho Nacional de Secretários Estaduais de Educação), ressaltou que alguns Estados, como Minas Gerais, metade dos municípios tem somente uma escola. Em casos como esse não haveria condições de oferecer currículos diversificados, como propõe a reforma.
Alencar afirmou que a reforma é insuficiente para resolver problemas estruturais que atingem essa etapa da educação. “Não foi feita uma reforma do ensino médio, mas apenas do seu currículo.”
“Os municípios são os que mais sofrem nesse cenário crítico”, disse Alécio Costa Lima, presidente da Undime (União Nacional dos Dirigentes Municipais de Educação). Segundo ele, após as eleições de 2016 a troca de cadeiras atingiu pelo menos 80% dos gestores educacionais. Lima acrescentou que a União é “a que mais arrecada e a que menos contribui”, deixando para os municípios a maior parte do ônus de financiar a educação básica. “Não dá para fazer milagre só com o aperfeiçoamento da gestão”, observou.
Sobre o papel da imprensa, Idilvan Alencar afirmou que ela tem sido tímida em se contrapor à atual "onda conservadora". Ele criticou a retirada de menções sobre a questão de gênero da Base Nacional Comum Curricular em um país onde esse tema ainda alimenta muito preconceito. Ele também criticou outras formas de preconceito, como o racial. "Intolerância, para mim, só à lactose."
LA NACION accedió a los datos oficiales de inscriptos en universidades públicas y privadas de todo el país; cuánto creció de un año al otro, las carreras clásicas que ya no son las favoritas y las que vienen creciendo
Abogadas, enfermas y psicólogas; abogados, administradores de empresas y contadores. Esas son las tres carreras que más eligieron mujeres y hombres en la Argentina para estudiar en el 2014 y en el 2015, según los datos oficiales delMinisterio de Educación de la Nación a los que accedió LA NACION y que fueron analizados junto al equipo de LA NACION Data .
En total fueron 904.328 jóvenes los que comenzaron una carrera universitaria en la Argentina entre esos dos años: 445.763, en el 2014 y 458.565 en 2015, lo que significó una suba global del 3 por ciento en la matrícula en todo el país. Sin embargo, fue mayor el crecimiento de los ingresos en las universidades públicas, que llegó al 4%, mientras que en las privadas fue sólo del 1 por ciento.
Los datos permiten realizar una "radiografía" de las personas que ingresaron a las universidades argentinas en los últimos años. Este análisis arrojó sorpresas como, por ejemplo, la desaparición en el podio de carreras tradicionales como medicina y arquitectura, el crecimiento de las nuevas disciplinas y las diferencias por sexo al momento de elegir qué estudiar.
Abogacía sigue al tope de la más elegida tanto por sexo como por universidades públicas o privadas.. Foto: Archivo
Consultada sobre estos resultados, Catalina Nosiglia, secretaria Académica de la Universidad de Buenos Aires (UBA), dijo: "Recién en el año 1958 se autorizó la creación de las primeras universidades privadas como tales. Actualmente, la cantidad de instituciones en cada sector es prácticamente la misma y durante algunos años fueron más las universidades privadas que las estatales pero la distribución de la matrícula sigue ampliamente inclinada al sector público".
Las carreras que más eligen las mujeres
En ambos años fue mayor el número de ingreso de mujeres que de hombres tanto en las universidades públicas como en las privadas. En el primer caso fueron el 58%, mientras que en las privadas fue del 57 por ciento.
Las carreras que ocupan los primeros 5 lugares se repitieron en ambos años y fueron: Abogacía, Enfermería, Psicología , Contadora Pública Nacional y Administración de Empresas. Tres de cada diez mujeres que arrancaron sus carreras eligieron una de estas. Las restantes siete se repartieron en las 150 ofertas universitarias vigentes.
Fueron 904.328 los ingresantes a las universidades en el país entre el 2014 y el 2015.. Foto: Archivo
Sin embargo, hubo dos carreras en las que no se inscribió ninguna mujer: Auxiliares de la Odontología e Ingeniería en Construcciones, mientras que Ingeniería en Vías de Comunicación tuvo una inscripta (y dos inscriptos) y Agrimensura e Ingeniería Básica tuvieron dos ingresantes mujeres mientras que fueron 13 y 36 respectivamente.
Si se dividen las carreras en grandes grupos, el 45% eligió el área de Ciencias Sociales y Jurídicas, seguidas por el 34% en Ciencias de la Salud, 8% en Artes y Humanidades, 7% en Computación, ingeniería y arquitectura, 4 % en Ciencias y un 1% en las restantes.
Las carreras que eligieron ellos
En el caso de los hombres, representaron el 42% del total de los ingresantes en las universidades públicas y el 43 por ciento en las universidades privadas de todo el país.
Las cinco carreras que más inscriptos tuvieron fueron Abogacía, Administración de Empresas, Contador Público Nacional, Computación, Sistemas e Informática e Ingeniería en Sistemas. El 29.15% del total de los varones que ingresaron a la universidad optaron por una de estas carreras. Tampoco tuvieron inscriptos, según el informe entregado por la Secretaría de Políticas Universitarias, Auxiliares de la Odontología e Ingeniería en Construcciones, mientras que hubo dos inscriptos en Ingeniería Textil e Ingeniería en Vías de Comunicación y 3 en Educación de Adultos.
El 25 por ciento de los jóvenes eligieron carreras como computación, ingeniería y arquitectura.. Foto: Archivo
En caso de hacer una división por áreas, es donde más se nota la diferencia entre las carreras que eligen los hombres en comparación con las mujeres. Las Ciencias Sociales y Jurídicas se llevan el 41%, le siguen Computación, ingeniería y arquitectura con el 25%, luego Ciencias de la Salud con el 21%, Artes y Humanidades 7%, Ciencias el 4% y el resto el 1%.
Las privadas a la cabeza
Uno de cada cuatro alumnos que se inscribieron en 2014 y 2015 lo hizo en una universidad privada.. Foto: Archivo
A pesar de que la relación es que sólo 1 de cada 4 alumnos eligen universidades privadas en lugar de las públicas, en algunas carreras la proporción de inscriptos es muy pareja. En tanto, en 14 carreras es mayor la cantidad de alumnos en universidades privadas. Estas carreras son: Teología, Relaciones Públicas, Martillero Público, Diseño de Interiores, Relaciones Institucionales y Humanas, Contabilidad, Comercialización y Marketing, Administración y Gestión Ambiental, Relaciones Internacionales, Publicidad, Formación Docente de Nivel Superior y Universitario y Actuario.
"Los planes de estudio entre universidades privadas y públicas son marcadamente diferentes. En el primer caso se debe atender a una formación general más amplia, en tanto que las propuestas de las privadas permiten acceder a una mayor amplitud de opciones específicas, explicó a LA NACION Héctor Francisco Dama, decano de la facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad del Salvador .
Por su parte, la licenciada Paula Dubcovsky, del Servicio de Orientación al Estudiante de la Universidad de Belgrano (UB), dijo que, tras hacer encuestas entre sus alumnos, estos indicaron que eligen estudiar en una Universidad privada por algunos de los siguientes motivos:
Para evitar el CBC (sobre todo los que no están empezando por primera vez la Universidad o ya han terminado la escuela media hace algunos años.)
Por que las clases son menos numerosas y eso les permiten tanto consultar al docente como encontrar donde sentarse y escuchar la clase adecuadamente.
Por la atención personalizada tanto de docentes como del personal para brindar información.
Administración de Empresas es una de las que más creció y está entre las más elegidas tanto por mujeres como por hombres.. Foto: Archivo
En contraposición, Nosiglia, dijo: "Las universidades estatales no sólo desarrollan enseñanza, sino que poseen una importante vinculación con el tejido socioproductivo a través de la extensión universitaria y especialmente a través de la investigación y producción de conocimiento. Aunque en los últimos años el sector privado está creciendo en su participación en el sistema universitario, la distribución sigue significativamente inclinada hacia el sector estatal a pesar de que el número de instituciones es similar".
Dubcovsky agregó: "Según estudios de neurociencia las mujeres tendrían más facilidad para identificar las emociones y pensamientos de las otras personas y responder a ellos con una emoción adecuada. Estarían predispuestas a entender mejor a las otras personas, predecir su comportamiento y conectarse emocionalmente con ellas. Esta capacidad de «empatía» podría explicar que las mujeres elijan mayoritariamente carreras humanísticas".
"Los hombres parecen ser más racionales y tener más facilidad para procesar información abstracta. Este podría ser uno de los motivos por los que muchos de ellos prefieren carreras vinculadas con el campo de las matemáticas y los negocios", detalló la licenciada en psicología.
Sobre el bajo crecimiento de la matrícula en las universidades privadas, Dama dijo que se debió a que "en los últimos 10 años se ha incrementado fuertemente la creación de nuevas universidades públicas en GBA y todo el país, lo que ha generado un cambio determinante sobre la base de comparación en la variación de inscripciones".
Medicina es la sexta carrera elegida entre los hombres y las mujeres.. Foto: Archivo / Santiago Hafford
Em menos de 15 dias, o Estado de São Paulo devolveu para a mão do crime ao menos 763 armas que já haviam sido apreendidas.
No dia 17, criminosos entraram no Fórum de Diadema, na Grande São Paulo, e, na ausência de câmeras de vigilância, não tiveram trabalho para render os vigias e fugir com quase 400 armas, entre revólveres, pistolas e até um fuzil.
Dias antes, no Guarujá (SP), após uma invasão semelhante, pelo menos 372 artefatos foram levados.
Os dois episódios jogam no ralo quase dois anos de trabalho policial na retirada de circulação de armas. Quatrocentas a mais aumentarão o desafio de garantir a segurança de Diadema, que já tem a maior taxa de roubo na Grande São Paulo.
Uma pesquisa do Instituto Sou da Paz -feita, sob encomenda do Ministério da Justiça, em Campinas, Campo Grande e no Recife- mostrou que esta é uma questão sistemática em todo o país.
Armamentos apreendidos e vinculados a processos como provas deveriam, segundo a lei, ser rapidamente encaminhados, por decisão judicial, para devolução ao proprietário, se regulares, doação a forças de segurança ou destruição pelo Exército.
Apesar das diferentes dificuldades enfrentadas por cada Estado nesse processo, em todos eles a destinação pelos juízes se mostra um gargalo, em geral por esquecimento ou mesmo desconhecimento dos riscos que a guarda prolongada dos artefatos gera para a sociedade.
Estimando prazos nas três cidades estudadas, é possível ver como a lentidão é perigosa. No ritmo médio atual de apreensão e encaminhamento de armas para destruição, alguns fóruns levariam 20 anos ou mais para zerar seus estoques.
Essa questão é antiga e motivou o Conselho Nacional de Justiça a editar, em 2011, uma resolução especificando que a destinação deveria ser feita logo após o recebimento dos laudos periciais e da consulta às partes sobre a necessidade de perícias adicionais.
E a possível decisão pela guarda da arma de fogo deveria ser fundamentada, concretizando-se apenas se for imprescindível ao esclarecimento dos fatos.
A resolução determina ainda que os tribunais façam ao menos duas remessas anuais para destruição.
Desde o ano passado, o Tribunal de Justiça de São Paulo já havia tomado a importante decisão de não receber mais armas. No entanto, apenas transferir as que estão em sua guarda para outros locais com melhores condições de segurança não é suficiente. Enquanto o Estado cochila, os criminosos aproveitam.
A principal recomendação é que o fluxo de destinação da arma seja rápido. Ao receber o laudo, que o juiz dê oportunidade de contestação à promotoria e à defesa e logo determine seu encaminhamento.
É importante ter a dimensão de que, em São Paulo, apenas 3% das apreensões são de fuzis ou submetralhadoras, armas potencialmente de interesse para doação às polícias -assim, não se justifica a manutenção de volumosos estoques.
O mais importante é tornar a destinação uma prática rotineira, escoando o fluxo de apreensões e impedindo novos acúmulos.
A segurança pública brasileira tem inúmeros desafios -lidar com desvios de armas já apreendidas não deveria ser um deles. É essencial que soluções definitivas sejam dadas, sob risco de, em alguns meses, voltarmos a discutir novos roubos.
BRUNO LANGEANI, bacharel em direito e relações internacionais, é gerente do Instituto Sou da Paz
NATALIA POLLACHIMESTRE, mestre em relações internacionais, é coordenadora de projetos no Instituto Sou da Paz
At a White House gathering of tech titans last week, Timothy D. Cook, the chief executive of Apple, delivered a blunt message to President Trump on how public schools could better serve the nation’s needs. To help solve a “huge deficit in the skills that we need today,” Mr. Cook said, the government should do its part to make sure students learn computer programming.
The Apple chief’s education mandate was just the latest tech company push for coding courses in schools. But even without Mr. Trump’s support, Silicon Valley is already advancing that agenda — thanks largely to the marketing prowess of Code.org, an industry-backed nonprofit group.
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Timothy D. Cook, chief executive of Apple, at an Apple store in New York where third graders participated in one of Code.org’s introductory coding lessons.CreditAndrew Burton/Getty Images
Code.org was founded in 2012 by Hadi Partovi, an early investor in Facebook and Airbnb, and his twin brother, Ali Partovi, himself an early investor in Zappos and Dropbox. The group first gained renown by using a viral video to stir up mass demand for coding lessons. Now Code.org’s goal is to get every public school in the United States to teach computer science.
In our tech-driven world, Hadi Partovi argues, computer science has become as essential for students as reading, writing and math. “Encryption is at least as foundational as photosynthesis,” he said.
Computer science is also essential to American tech companies, which have become heavily reliant on foreign engineers. Mr. Trump’s efforts to limit immigration make Code.org’s teach-Americans-to-code agenda even more attractive to the industry.
In a few short years, Code.org has raised more than $60 million from Microsoft, Facebook, Google and Salesforce, along with individual tech executives and foundations. It has helped to persuade two dozen states to change their education policies and laws, Mr. Partovi said, while creating free introductory coding lessons, called Hour of Code, which more than 100 million students worldwide have tried.
Along the way, Code.org has emerged as a new prototype for Silicon Valley education reform: a social-media-savvy entity that pushes for education policy changes, develops curriculums, offers online coding lessons and trains teachers — touching nearly every facet of the education supply chain.
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Mr. Partovi standing behind President Barack Obama and a group of middle school students at an Hour of Code event marking Computer Science Education Week in 2014.CreditJabin Botsford/The New York Times
“They have got this multipronged approach,” said Amy Klement, a partner at Omidyar Network, a philanthropic investment organization started by the eBay founder Pierre Omidyar and his wife, Pam, which has given $5.5 million to Code.org. “It’s unique and a model I would love to see replicated.”
But Code.org’s multilevel influence machine also raises the question of whether Silicon Valley is swaying public schools to serve its own interests — in this case, its need for software engineers — with little scrutiny. “If I were a state legislator, I would certainly be wondering about motives,” said Sarah Reckhow, an assistant professor of political science at Michigan State University. “You want to see public investment in a skill set that is the skill set you need for your business?”
Mr. Partovi, 44, said he simply wanted to give students the opportunity to develop the same skills that helped him and his backers succeed. He immigrated as a child to the United States from Iran with his family, went on to study computer science at Harvard, and later sold a voice-recognition start-up he had co-founded to Microsoft for a reported $800 million.
“That dream is much less accessible if you are in one of America’s schools where they don’t even tell you you could go into that field,” Mr. Partovi said.
Even so, he acknowledged some industry self-interest. “If you are running a tech company,” he said, “it’s extremely hard to hire and retain engineers.”
Code.org is now one of the largest providers of free online coding lessons and more comprehensive computer science curriculums. It has also provided training workshops to more than 57,000 teachers, Mr. Partovi said.
The rise of Code.org coincides with a larger tech-industry push to remake American primary and secondary schools with computers and learning apps, a market estimated to reach $21 billion by 2020.
Last year, Apple rolled out a free app, called Swift Playgrounds, to teach basic coding in Swift, a programming language the company unveiled in 2014.
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Swift Playgrounds, an educational app that Apple created to teach young people how to code.CreditApple
Before Code.org emerged, the National Science Foundation, industry, and education experts worked for years to develop and spread computer science instruction in schools. In 2009, for instance, an engineer at Microsoft started a program called Teals (for Technology Education and Literacy in Schools) that places tech company volunteers in schools to help teach the subject.
Then Mr. Partovi came along with the idea of using a viral video to spark mass demand for the courses.
Mr. Partovi compared Code.org’s approach to those of start-ups like Airbnb and Uber. “Airbnb is disrupting the travel space, but they don’t own the hotels,” he said, adding: “We are in a similar model, disrupting education. But we are not running the school and we don’t hire the teachers.”He began by persuading Bill Gates, the co-founder of Microsoft, and Mark Zuckerberg, the Facebook chief executive, to appear in a short film promoting coding to students. In its first week on YouTube, the video, called “What Most Schools Don’t Teach,” racked up roughly nine million views. Within two weeks, Mr. Partovi said, about 20,000 teachers contacted him.
Mr. Partovi’s elite connections didn’t hurt.
One day in early 2013, he bumped into his neighbor, Bradford L. Smith, then a senior Microsoft executive, in a driveway outside their homes in Bellevue, Wash. Mr. Smith had recently published a Microsoft report calling for a federal plan to better prepare students for careers in computer science and engineering.
Mr. Partovi, for his part, was hoping to go viral with a message that coding could improve students’ job prospects. Teaching skills that may lead to higher-paying jobs “seems like the kind of idea that everyone in the country can get behind,” he said.
Mr. Partovi promptly invited Mr. Smith over to preview his celebrity coders video.
“We think computer science is to the 21st century what physics was to the 20th century,” Mr. Smith said.
Together with local groups, Mr. Partovi said, Code.org and Microsoft have helped persuade 24 states to allow computer science to count toward math or science credits required for high school graduation. Along with groups like Black Girls Code, Girls Who Code and Latina Girls Code, Code.org has worked to make the subject accessible to a diverse group of students.
But the movement has also supported legislation that could give companies enormous sway in public schools, starting with kindergarten, with little public awareness.
Last year, Microsoft and Code.org helped push for a career-education bill in Idaho that, education researchers warned, could prioritize industry demands over students’ interests. Among other things, they said, it could sway schools to teach specific computer programming languages that certain companies needed, rather than broader problem-solving approaches that students might use throughout their lives.
“It gets very problematic when industry is deciding the content and direction of public education,” said Jane Margolis, a senior researcher at the Graduate School of Education and Information Studies at the University of California, Los Angeles.
The Idaho bill read, in part, “It is essential that efforts to increase computer science instruction, kindergarten through career, be driven by the needs of industry and be developed in partnership with industry.”
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“We think computer science is to the 21st century what physics was to the 20th century,” said Bradford L. Smith, president of Microsoft. The company is among Code.org’s largest donors.CreditEvan McGlinn for The New York Times
When a reporter apprised him of the bill’s language, Mr. Smith of Microsoft seemed taken aback, saying he had not endorsed it. “Broad public education should not be grounded first and foremost in the needs of any particular industry — or in the needs of industry as a whole,” he said.
Mr. Partovi noted that Code.org had opposed a “more extreme” coding bill in Florida that would have required students to obtain industry certification. It has also opposed bills that would allow coding courses to count toward foreign-language credits in high schools, he said. Still, Mr. Partovi added, “We do think that tech companies have a role to play.”
The Idaho law took effect last year. One of its first results was a new program, developed with Oracle, to train public-school teachers how to teach students Java, Oracle’s popular coding language. Other companies, including the chip maker Micron Technology, were invited to help develop computer science standards for Idaho schools.
“Some people will believe that industry is going to be driving our education system forward, and that is absolutely not the case,” said Angela Hemingway, executive director of the Idaho STEM Action Center, which oversees the state’s computer science education initiative. “They are collaborative partners.”
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More than 100 million students around the world have tried Code.org’s Hour of Code lessons.CreditJason Henry for The New York Times
Certainly, many students across the country, and their parents, are clamoring for computer science. But what if some other subject — say, data science (which involves computing) — turns out to be more important and broadly applicable for students’ lives, careers and communities?
The clout behind computer science has all but obviated a wider debate about whether, to better prepare students, schools might introduce an array of new subjects. It has also overshadowed discussion about whether students would be better off if schools modified traditional math classes to increase the emphasis on fields like statistics.
Mr. Smith of Microsoft said that tech companies and philanthropists were simply trying to give voice to an overlooked subject. “What we really need is a national conversation about the broad array of intellectual disciplines that will be fundamental to the future of American students,” Mr. Smith said. “It’s a broad array, not a single subject.”
Mr. Partovi concurred. “We have a lot of debate in this country about how to teach,” he said, “and not enough debate about what to teach.”