21 de outubro de 2014

Radiografía de la violencia y la inseguridad en América Latina

Las altas tasas de homicidios, robos y secuestros encienden las alarmas en la región. Brasil, Venezuela y México presentan los datos más preocupantes, según un informe elaborado por la revista DEF
Durante el año 2012, la cifra de homicidios en América Latina marcó un pico de 157.000, de acuerdo con datos oficiales ordenados por la revista argentina DEFBrasil fue el país con mayor número de muertos (50.108), principalmente por la violencia criminal en las favelas y la corrupción de las distintas capas policiales.
Lo sigue, en segundo lugar, México con 26.037 asesinatos, aunque el accionar del narcotráfico, el crimen organizado y la complicidad entre los delincuentes y las autoridades podrían haber dejado cientos de muertos más. En ese país, la reciente masacre de 43 estudiantes, cuyos cuerpos aún no fueron encontrados, desnudó la violencia en que está sumida la sociedad. Mientras se buscaban sus restos, se encontraron fosas con decenas de despojos de otras personas.
En tercer lugar, el informe ubica a Venezuela, que en 2012 registró 16.072 homicidios. La violencia se vive a diario en ese país, sobre todo en la capital, Caracas. De hecho, 2013 terminó con alrededor de 27.000 muertos y para este año el número podría ser mayor. Colombia, Honduras, Guatemala y El Salvador también tuvieron, en ese orden, las cifras de asesinato más altas de la región.
HONDURAS TIENE UNA TASA DE HOMICIDIO DE 90,4 CADA 100.000 HABITANTES
Si se mide el número de homicidios por cada 100.000 habitantes, los últimos tres presentan las tasas más elevadas junto con Venezuela. En Honduras, esa tasa fue del 90,4, la más alarmante de 2012. En Venezuela, fue de 53,7; aunque actualmente se calcula en 79 asesinatos cada 100.000 habitantes. El Salvador registró 41,2.
LA ARGENTINA ES EL PAÍS CON LA MAYOR TASA DE ROBOS A NIVEL REGIONAL
La violencia contra la mujer también es preocupante en América Latina. Colombia, Guatemala, El Salvador y Honduras son los cuatro países con más cantidad de feminicidios en la región.
En cuanto al número de secuestro, DEF recopila datos de 2013. México está en la nefasta delantera, con 2.663 casos denunciados ante la policía, seguido por Venezuela (382) y Colombia (299).
Por último, la Argentina es el país con la mayor tasa de robos a nivel regional, con 973,3 cada 100.000 habitantes. Detrás están México (688), Brasil (572,7), Uruguay (456,5) y Costa Rica (397,6).
La revista DEF, que dedicó su número de octubre a la problemática de la seguridad pública en América Latina, utilizó como fuentes a la OEA, Unodc, PNUD e informes de distintas organizaciones de derechos humanos.

Bosques que salvan, bosques que matan

Las minorías indígenas luchan por sus bosques frente a la tala ilegal y las madereras

La certificación puede ser garante de sus derechos, pero hay mucho trabajo por hacer

 Madrid 20 OCT 2014 - El País
Una tribu no contactada en la Amazonia brasileña. / GLEISON MIRANDA (SURVIVAL)
En un sofisticado hotel de cristal y acero a orillas del Guadalquivir, entre un mar de corbatas, trajes de chaqueta y ordenadores portátiles, el pastor masai Adam Ole Mwarabu parece recién sacado de una máquina del tiempo. Ataviado con un par de túnicas de rayas en morados, rojos y negros que le cubren casi hasta los pies, varios collares de cuentas de colores y una enorme dilatación en el lóbulo de su oreja derecha, el señor Mwarabu no se siente, sin embargo, extraño en ese ambiente tan aséptico. Él está acostumbrado a moverse en tales contextos. Porque este ganadero originario de Tanzania es uno de los miembros fundadores del Comité Permanente de Pueblos Indígenas de FSC (Forest Stewardship Council en inglés), una de las dos grandes organizaciones sin ánimo de lucro que trabajan para conseguir una gestión sostenible de los bosques que quedan en el mundo.

Desde FSC saben que la deforestación es un fenómeno casi imparable: la Tierra solo dispone de 900 millones de hectáreas de bosques tropicales y ecuatoriales, el equivalente al tamaño de Estados Unidos, y ha perdido el 7% de ellos en los últimos 20 años debido al desarrollo industrial y urbano, la minería y la tala ilegal. Estas actividades amenazan con acabar con los árboles, importantes porque retienen hasta el 45% del dióxido de carbono —el principal gas de efecto invernadero— que hay en el mundo y lo convierten en oxígeno, porque previenen la desertificación y porque albergan una gran biodiversidad. Por otra parte, las previsiones de WWF apuntan a que la demanda mundial de madera se habrá triplicado para 2050, año en el que se habrán perdido 2,3 millones de kilómetros cuadrados de bosque, una superficie mayor que todo México. El reto de este tipo de organizaciones para detener este proceso va dando sus frutos, aunque muy despacio: en 2012, ya habían certificado más de 150 millones de hectáreas en 80 países.FSC celebró su Asamblea General de 2014 en Sevilla a principios de septiembre, a la que acudieron 600 socios para celebrar los 20 años de vida de la entidad. Entre ellos, el señor Mwarabu y una abultada representación de nativos venidos de los cuatro continentes, maoríes de Nueva Zelanda, mapuches de la Amazonia y hezhens de Siberia entre otros, acudieron con la intención de reclamar que se respeten los derechos de las minorías étnicas.
¿Por qué la mayor organización en defensa de la explotación sostenible de los bosques cuenta con un comité indígena? Ellos saben mejor que nadie cómo hacerlo porque han vivido de ellos durante generaciones. Los datos hablan por sí solos: Existen unos 370 millones de indígenas, un 5% de la población mundial; la vida de 60 millones de ellos depende absolutamente de los bosques en los que viven. Y es más: un 40% de los bosques primigenios que quedan en el planeta están en manos de estos pueblos originarios. Son, por tanto, cómplices fundamentales para cualquiera que busque frenar la deforestación y conservar las grandes masas boscosas que aún quedan en la Tierra. "Los bosques nos prestan servicios fundamentales que no estamos retribuyendo, por eso se está empezando a hablar de que sus propietarios son un activo fundamental para la conservación y deben ser retribuidos de alguna manera para que sigan existiendo. Si no, los acabarán sustituyendo por algo que les dé un beneficio", afirma Gonzalo Anguita, director general de FSC España.
Árbol protegido en Inapari, Perú. / FSC
El recién creado Comité —se han reunido solo cuatro veces— busca dar voz en esta mega organización a estas minorías, víctimas de todas las consecuencias que trae consigo la tala ilegal: "desde la provisión de agua hasta la deforestación, pasando por la ausencia de animales para cazar o pescar, problemas de salud, esclavitud laboral, explotación infantil...", enumera Pina Gervassi, directora general de FSC en América Latina y El Caribe, una región que cuenta con 14 millones de hectáreas certificadas de las que dos y media están exclusivamente en manos indígenas.
La pregunta es cómo compatibilizar la vida de los pueblos nativos con la comercialización de los productos del bosque, que es algo de lo que también podrían beneficiarse ellos mismos si se hace correctamente. Pese a la importancia de estos pueblos en la gestión forestal, durante cientos de años han sido marginados, se les ha desposeído de sus tierras y hasta han perdido la vida cuando trataban de defenderlas. El último caso ocurrió el pasado 1 de septiembre, cuando cuatro ciudadanos de la etnia asháninca fueron asesinados en la frontera de la selva amazónica entre Perú con Brasil. Uno de ellos había denunciado con pruebas la tala ilegal de madera en su comunidad.
La mayoría de estos pueblos tienen derechos consuetudinarios sobre las tierras, pero solo unos pocos han conseguido que se les reconozca la titularidad. Tan solo en América Latina existen unos 200 conflictos abiertos por actividades derivadas de la minería o la extracción de hidrocarburos, según el último informe sobre la situación de los pueblos indígenas presentado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) durante la Asamblea Mundial Indígena, celebrada los días 22 y 23 de septiembre en Nueva York.
Hombres de la etnia awá cazando en el bosque. / FIONA WATSON (SURVIVAL)
Sobre este tipo de conflictos se hizo hincapié en la Asamblea de Sevilla. Una de las principales quejas que se escuchó es que FSC sigue certificando bosques pese a estar en zonas en disputa, como ocurrió en 2011 cuando 700 soldados obligaron a unos 3.500 nativos a abandonar sus tierras para hacer plantaciones que posteriormente fueron certificadas por esta organización, según denunció Bill Barclay, director de investigación de la ONG Rainforest Action Network. "En Chile se están haciendo certificaciones en áreas que están en conflicto y eso es un error; un área en conflicto con los pueblos originarios debería dejarse al margen, no se puede ir a certificar", denunció Luis Astorga, de la Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo de Chile.
Este problema se repite en el resto de continentes. "De lo que teníamos, ya no nos queda nada. A lo largo de los años se fueron llevando nuestras tierras mostrando unas escrituras. Fueron muy listos. Esas tierras eran nuestras", reclamó Mwarabu ante un nutrido auditorio. Mwarabu es miembro de la comunidad masai Parakuiyo, una minoría de Tanzania formada por entre 100.000 y 300.000 personas cuya economía se sustenta en el pastoreo.

Reglas que no encajan

El objetivo de FSC es garantizar que los bosques son explotados de manera sostenible, pero para garantizar a un consumidor del mundo rico que la madera del mueble que está comprando se ha obtenido mediante buenas prácticas ambientales y sociales, el material debe completar un proceso difícil y costoso que garantice que ninguno de los intermediarios que manejan la materia prima, desde que se coge en el bosque hasta que llega a la tienda, viola esos criterios de sostenibilidad ambiental. En la jerga se conoce como cadena de custodia y en ningún caso debe romperse. "Estas medidas tienen unos costes, así que cuando se vende esa madera, el producto tiene normalmente mayor precio. Lo vendo más caro y esto incentiva toda la cadena pero sobre todo al propietario forestal, al dueño. Esto es vital porque, si no, los productos forestales pierden su valor. Es fundamental poner en valor los productos forestales", indica Anguita.
Unos trabajadores rodean un árbol con sus brazos en un bosque certificado de Perú. / FSC
Los beneficios, sin embargo, no siempre llegan a las comunidades, según denunciaron en la Asamblea General de FSC. Uno de los factores que limitan la certificación de bosques manejados por comunidades indígenas es la excesiva y rígida carga de condiciones de los actuales estándares de certificación, diseñados para empresas forestales medianas y grandes, pero que no se adecuan a las condiciones en las que se desarrolla la actividad indígena. “Cuando empezamos a hablar de manejo forestal, nos encontramos con que había que hacer un plan de acuerdo con las normas de la autoridad forestal del país, y resulta que esas normas estaban muy alejadas de la realidad de las comunidades nativas”, denunció en la Asamblea Yolanda Ramírez, de la Asociación para la investigación y desarrollo integral de Perú, Aider. "Así se hace muy difícil luchar contra madereros ilegales que ofrecen dinero contante y sonante sin hacer ningún trámite. Las comunidades se comprometieron con FSC, pero ahora, cuando quieren comerciar con su madera, se les paga menos. Y se les confisca si les falta un papelito o si este se les mojó en el río. O les ponen multas… Todo eso tiene un coste económico y dificulta que se pueda avanzar", completó.
Además de los estándares inadecuados, el sistema FSC en general no brinda condiciones que permitan facilitar el acceso a la certificación de las comunidades. "Para la sociedad, certificar es muy caro, no se ha pensado lo suficiente en mecanismos de financiación para la sociedad", denunció Herri Djombo, ministro de Economía y Desarrollo Sostenible de Congo. "Los indígenas necesitamos tener nuestros propios estándares. Los certificados sirven a las empresas madereras, pero a nosotros no nos favorece, es un mercado, un negocio", criticó Diego Escobar Guzman, del pueblo indígena paratapuyo, en la Amazonia colombiana.
Ante este problema, se aprobó en Sevilla una moción para que FSC desarrolle un nuevo enfoque de certificación que responda a las necesidades y condiciones de los pueblos indígenas y las comunidades tradicionales. El nuevo enfoque debe mejorar el impacto del FSC en la reducción de la deforestación y la degradación de los bosques tropicales y aportar beneficios que permitan reducir la pobreza de las poblaciones que dependen de los recursos del bosque para su supervivencia.

Decálogo de un bosque sostenible, según FSC

1. Que su gestión se haga de acuerdo a las leyes en vigor.
2. Que la propiedad del bosque esté conforme a derecho.
3. Que los derechos de los pueblos indígenas de la zona, si los hubiera, sean considerados y respetados.
4. Que la gestión del bosque tenga en cuenta los derechos y el bienestar de los trabajadores de la explotación.
5. Que la gestión forestal ha de ser integral, de forma a aprovechar todos los recursos del bosque y reducir al mínimo la producción de residuos.
6. El impacto de la explotación del bosque sobre el paisaje, la biodiversidad y los recursos hídricos de la zona deben ser los menores posibles.
7. El bosque debe ser gestionado con un plan a largo plazo.
8. Todo este proceso debe ser controlado de principio a fin.
9. Los bosques que tengan un especial valor de conservación deben ser considerados como tal a la hora de su explotación económica.
10. Los bosques cultivados deben ser gestionados de la misma forma que los silvestres.
Uno de los grandes interrogantes es cómo ajustar los planes de manejo forestal a la idiosincrasia de las minorías. "Una comunidad ve al bosque como un medio de vida, no como una actividad forestal", explica Gervassi, quien insiste en que la perspectiva debe ser más global: "Debemos hablar de planes de vida, y eso significa buscar la manera de compatibilizar todo lo que ellos hacen, desde sus rituales —porque el bosque tiene un significado religioso—, hasta su subsistencia, porque el bosque es su fuente de alimentos, hasta sus ingresos económicos".
Pese a las críticas, en FSC están convencidos de que, a la larga, las comunidades indígenas salen beneficiadas al adherirse al trabajo de certificación de bosques y que esta puede ser la herramienta que les sirva para proteger sus derechos e intereses. "Desde garantizar su territorio hasta asegurar que tienen mejores condiciones de vida y no se van a ver afectados por la criminalidad o la esclavitud, hasta mejorar sus ingresos económicos" sostiene Gervassi. Aún así, esta reconoce que el acercamiento y la implementación de sistemas que permitan a las comunidades preservar sus bosques respetando sus costumbres es un reto muy grande: "Queremos llegar a ellas para que entiendan la importancia de participar en una gestión sostenible de los bosques, y eso lleva su tiempo".


20 de outubro de 2014

'Build bridges for Lima climate talks'

UN climate chief Christiana Figueres urges delegates to work towards achieving a historic pact in Paris in 2015

Bonn climate change conference, Germany, where delegates are discussing a rough outline for a binding climate deal. Photograph: Jan Golinski/UNFCCC
The UN’s climate chief urged country negotiators on Monday to “build bridges” at talks in Bonn towards a new, global pact that received fresh endorsement from world leaders last month.
The six-day forum in Germany must lay the foundations for the annual round of ministerial-level UN talks to be held in Lima [Peru] in December, Christiana Figueres told delegates as the meeting opened.
Lima, in turn, must pave the way to a historic pact in Paris in December 2015 that will for the first time apply to 195 nations, rich and poor alike.
Figueres said a September climate summit called by UN chief Ban Ki-moon had “shifted the ground on what is possible in climate change”.
“Collectively, your heads of state have reassured the world that we will address climate change,” she said via webcast.
“Today, dear delegates, the world’s eyes turn to you. It is up to you to chart the path of that solution.”
Negotiators face a tough task ironing out long-standing differences over how to share responsibility for curbing Earth-warming greenhouse gas emissions.
These cuts seek to limit global warming to 2C over pre-Industrial Revolution levels, and save the planet from potentially catastrophic climate damage.
The UN’s Intergovernmental Panel on Climate Change says that on current trends, the planet could be up to 4.8C warmer by 2100 and sea levels up to 82 centimetres (32 inches) higher.
Conflict, hunger, floods and homelessness would be the likely result, it warns.
Figueres stressed the new climate pact, due to enter into force in 2020, “must irreversibly bend the curb of emissions”, which have continued rising.
But many technicalities have to be resolved, including the legal nature of the pact and how it will be monitored and enforced.
The talks in Germany will be the first chance for negotiators to discuss a rough 22-page outline for the deal that has been drawn up by working group leaders and distributed for scrutiny in July.
The meeting must also start narrowing down what data countries must provide when they submit their pledges for emissions curbs in the first quarter of next year.
This topic will likely see negotiators return to a sore point – whether rich countries should have tougher targets because of their longer history of burning fossil fuels.
Developed nations reject the notion, and point the finger in turn at fast-growing emerging giants like China and India.
Attending the Bonn talks, environment minister Manuel Pulgar-Vidal of Peru, host of the December talks, said there were only 13 months to the deadline for signing a new, global pact.
“Lima must be successful if we want to pave the road to Paris,” he said, and urged negotiators to “work constructively this week to prepare the substantive outcomes we expect from Lima.”

A hora e a vez do ensino fundamental

Em artigo no O Estado de S.Paulo, José Goldemberg, presidente de honra da SBPC analisa a educação nacional

As universidades públicas do Estado de São Paulo – USP, Unicamp e Unesp – passaram nos últimos meses por uma greve e uma crise que se pode chamar de “conjuntural”, mas não pode ser considerada um problema permanente ou “estrutural”. Apesar dos problemas, elas são universidades de Primeiro Mundo, por qualquer critério que se use para medir o seu desempenho: são comparáveis às universidades da Europa e da América do Norte e se encontram entre as 200 melhores universidades do mundo, onde existem 10 mil universidades.

19 de outubro de 2014

Is E-Reading to Your Toddler Story Time, or Simply Screen Time?

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The American Academy of Pediatrics advises against screen time for toddlers; however, story time is now often on a tablet.CreditJessica Kourkounis for The New York Times
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Clifford the Big Red Dog looks fabulous on an iPad. He sounds good, too — tap the screen and hear him pant as a blue truck roars into the frame. “Go, truck, go!” cheers the narrator.
But does this count as story time? Or is it just screen time for babies?
It is a question that parents, pediatricians and researchers are struggling to answer as children’s books, just like all the other ones, migrate to digital media.
For years, child development experts have advised parents to read to their children early and often, citing studies showing its linguistic, verbal and social benefits. In June, the American Academy of Pediatrics advised doctors to remind parents at every visit that they should read to their children from birth, prescribing books as enthusiastically as vaccines and vegetables.
On the other hand, the academy strongly recommends no screen time for children under 2, and less than two hours a day for older children.
At a time when reading increasingly means swiping pages on a device, and app stores are bursting with reading programs and learning games aimed at infants and preschoolers, which bit of guidance should parents heed?
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Therese Madden and her daughter, Beatrice, 2, read “Clifford the Small Red Puppy” in Philadelphia. CreditJessica Kourkounis for The New York Times
The answer, researchers say, is not yet entirely clear. “We know how children learn to read,” said Kyle Snow, the applied research director at the National Association for the Education of Young Children. “But we don’t know how that process will be affected by digital technology.”
Part of the problem is the newness of the devices. Tablets and e-readers have not been in widespread use long enough for the sorts of extended studies that will reveal their effects on learning.
Dr. Pamela High, the pediatrician who wrote the June policy for the pediatrics group, said electronic books were intentionally not addressed. “We tried to do a strongly evidence-based policy statement on the issue of reading starting at a very young age,” she said. “And there isn’t any data, really, on e-books.”
But a handful of new studies suggest that reading to a child from an electronic device undercuts the dynamic that drives language development.
“There’s a lot of interaction when you’re reading a book with your child,” Dr. High said. “You’re turning pages, pointing at pictures, talking about the story. Those things are lost somewhat when you’re using an e-book.”
In a 2013 study, researchers found that children ages 3 to 5 whose parents read to them from an electronic book had lower reading comprehension than children whose parents used traditional books. Part of the reason, they said, was that parents and children using an electronic device spent more time focusing on the device itself than on the story (a conclusion shared by at least two other studies).
“Parents were literally putting their hands over the kids’ hands and saying, ‘Wait, don’t press the button yet. Finish this up first,’ ” said Dr. Julia Parish-Morris, a developmental psychologist at Children’s Hospital of Philadelphia and the lead author of the 2013 study that was conducted at Temple University. Parents who used conventional books were more likely to engage in what education researchers call “dialogic reading,” the sort of back-and-forth discussion of the story and its relation to the child’s life that research has shown are key to a child’s linguistic development.
Complicating matters is that fewer and fewer children’s e-books can strictly be described as books, say researchers. As technology evolves, publishers are adding bells and whistles that encourage detours.
“What we’re really after in reading to our children is behavior that sparks a conversation,” said Kathy Hirsh-Pasek, a professor of psychology at Temple and co-author of the 2013 study. “But if that book has things that disrupt the conversation, like a game plopped right in the middle of the story, then it’s not offering you the same advantages as an old-fashioned book.”
Of course, e-book publishers and app developers point to interactivity as an educational advantage, not a distraction. Many of those bells and whistles — Clifford’s bark, the sleepy narration of “Goodnight Moon,” the appearance of the word “ham” when a child taps the ham in the Green Eggs and Ham app — help the child pick up language, they say.
There is some evidence to bear out those claims, at least in relation to other technologies. A study by the University of Wisconsin in 2013 found that 2-year-olds learned words faster with an interactive app as opposed to one that required no action.
But when it comes to learning language, researchers say, no piece of technology can substitute for a live instructor — even if the child appears to be paying close attention.
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A co-author of a recent study said, “What we’re really after in reading to our children is behavior that sparks a conversation.”CreditJessica Kourkounis for The New York Times
Patricia K. Kuhl, a director of the Institute for Learning and Brain Sciences at the University of Washington, led a study in 2003 that compared a group of 9-month-old babies who were addressed in Mandarin by a live instructor with a group addressed in Mandarin by an instructor on a DVD. Children in a third group were exposed only to English.
“The way the kids were staring at the screen, it seemed obvious they would learn better from the DVDs,” she said. But brain scans and language testing revealed that the DVD group “learned absolutely nothing,” Dr. Kuhl said.
“Their brain measures looked just like the control group that had just been exposed to English. The only group that learned was the live social interaction group.”
In other words, “it’s being talked with, not being talked at,” that teaches children language, Dr. Hirsh-Pasek said.
Today, what Dr. Kuhl found is commonly referred to as the “Baby Einstein” effect, named for thepopular video series that entranced children from the late 1990s to the mid-2000s, but was ultimately found to have a negative association with language development in infants. In 2009, the Walt Disney Company, facing the threat of a class-action lawsuit, offered refunds to people who had bought the videos.
Similarly, perhaps the biggest threat posed by e-books that read themselves to children, or engage them with games, is that they could lull parents into abdicating their educational responsibilities, said Mr. Snow of the National Association for the Education of Young Children.
“There’s the possibility for e-books to become the TV babysitters of this generation,” he said. “We don’t want parents to say, ‘There’s no reason for me to sit here and turn pages and tell my child how to read the word, because my iPad can do it.’ ”
But parents may find it difficult to avoid resorting to tablets.
Claudia Raleigh, a mother of three children under 6 years old in Berkley, Mich., said she adhered strictly to the A.A.P. guidelines but found that she needed to distract her toddler, Teddy, during his sister’s swim class. “You know how hard it is to wait somewhere with a 2-year-old,” she said. “So that was his introduction to the iPad. It kept him from jumping in the pool.”
“I considered it a lifesaving device,” she said with a laugh.
The guilt, she added, did not linger for long. “I literally read to my kids every day since birth,” she said. “I’m over feeling guilty about a little screen time.”
Even literacy advocates say the guidelines can be hard to follow, and that allowing limited screen time is not high on the list of parental missteps. “You might have an infant and think you’re down with the A.A.P. guidelines, and you don’t want your baby in front of a screen, but then you have a grandparent on Skype,” Mr. Snow said. “Should you really be tearing yourself apart? Maybe it’s not the world’s worst thing.”
“The issue is when you’re in the other room and Skyping with the baby cause he likes it,” he said. Even if screen time is here to stay as a part of American childhood, good old-fashioned books seem unlikely to disappear anytime soon. Parents note that there is an emotional component to paper-and-ink storybooks that, so far, does not seem to extend to their electronic counterparts, however engaging.
“Lilly definitely has an iPad, and there are education apps she uses,” Amy Reid, a publicist at CNBC, said of her 4-year-old. “But for her, there is nothing like the excitement of choosing her own book and bringing it home from the library.”
Correction: October 19, 2014 
An article last Sunday about the benefits and drawbacks of reading to toddlers from digital devices quoted incorrectly from comments by Claudia Raleigh, whose son, Teddy, was first allowed to use an iPad during his sister’s swim class. Ms. Raleigh said, “You know how hard it is to wait somewhere with a 2-year-old” — not “to sit somewhere.”