Las evaluaciones internacionales han diagnosticado hasta el cansancio tanto las carencias como las necesidades de mejorar la enseñanza de matemática, ciencias exactas y naturales, particularmente en los niveles primario y secundario del sistema educativo. Esta demanda ha adquirido una renovada importancia a partir del consenso general en reconocer que, en la sociedad del conocimiento, la alfabetización científica es formación ciudadana. Para comprender, juzgar y tomar decisiones con respecto a la política económica, al cuidado del medio ambiente o a las estrategias de salud pública, entre muchos otros temas, los ciudadanos deben ser capaces de analizar las propuestas de los diferentes partidos políticos y elegir el camino que consideren más cercano a sus valores y necesidades. Todos esos temas y debates exigen altos niveles de información y reflexividad, condiciones necesarias para tomar decisiones concientes.
Los movimientos destinados a promover mejoras en la enseñanza de las ciencias han sido organizados tradicionalmente por los educadores, especialmente por los profesores que intentan renovar la enseñanza de esas disciplinas. Un avance en este sentido es la incorporación a estos movimientos, en los últimos años, de buena parte de los investigadores y de la comunidad académica y científica en general. Al respecto, es importante destacar que las Academias de Ciencias de muchos países y varios Premios Nobel en ciencias, se han sumado a las voces que reclaman y diseñan estrategias para alcanzar este objetivo. La experiencia muestra, sin embargo, que no alcanza con los esfuerzos de educadores y científicos para modificar patrones culturales fuertemente arraigados en la población y en las propias administraciones educativas. Los testimonios y los indicadores al respecto son elocuentes, particularmente aquellos que permiten apreciar la significativa distancia que existe hoy entre la cultura juvenil y la cultura científica.
En este contexto, creo que ha llegado el momento en el cual los dirigentes políticos deben asumir su papel y su responsabilidad para enfrentar con éxito el desafío de incorporar la cultura científica a la cultura popular. Algunos líderes políticos ya han tomado conciencia de la importancia de este tema y lo han incorporado a su agenda de trabajo. Sin embargo, su enfoque dominante consiste en señalar el impacto de la formación científica en la competitividad económica del país. Este impacto es innegable y no puede ser subestimado. Pero la reducción economicista acerca de la necesidad de mejorar la enseñanza de las ciencias no abre perspectivas para una formación científica de carácter universal.
Es necesario que los dirigentes y los líderes políticos asuman que estamos hablando de formación ciudadana, de democracia cognitiva, de participación seria y responsable en la toma de decisiones. Los líderes políticos reclaman reflexión por parte de la ciudadanía para juzgar sus propuestas. Por lo tanto, son ellos los que deberían encabezar un gran movimiento cultural en ese sentido. No hacerlo contribuye a aumentar el escepticismo de la ciudadanía acerca de la verdadera voluntad política para construir democracias sólidas, basadas en la participación plena de todos los ciudadanos en los debates que definen el futuro de la sociedad.
Un movimiento de este tipo debería incluir el apoyo sostenido a las innovaciones en la enseñanza de las ciencias en los niveles obligatorios del sistema educativo así como la construcción de ámbitos de participación pública en decisiones tecno-científicas, tales como las audiencias parlamentarias, la formación de comités integrados por representantes de diferentes sectores para alcanzar posiciones consensuadas sobre problemas que exigen información compleja, la creación de paneles de ciudadanos para discutir con los expertos temas de alto significado social.
Desde este punto de vista, promover programas destinados a mejorar masivamente la enseñanza de las ciencias constituye una vía tanto para promover vocaciones científicas necesarias para el desarrollo productivo como para legitimar la democracia, la validez de la dimensión política, de los partidos y de los hombres que se dedican a la vida política nacional e internacional.
Juan Carlos Tedesco
Universidad Nacional de San Martín (Argentina)
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