Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) están modificando de manera acelerada la forma de leer, escribir, informarse, construir y participar en el mundo. Es así como ha cambiado la forma de enseñar y de aprender. Sin embargo, la escuela aún debate sobre cómo incorporarlas y adaptarse a los nuevos desafíos que se le imponen.
El trabajo de Cabello, titulado Palos en la rueda. Cinco factores de resistencia a la integración de internet en la escuela, forma parte del libro Las TIC en la escuela, nuevas herramientas para viejos y nuevos problemas (Océano, Travesía. Barcelona, 2012)**, coordinado por Daniel Goldin, Marina Kriscautzky y Flora Perelman.
Según la investigadora, la comunidad escolar acepta la importancia de incorporar a las nuevas tecnologías en los procesos de aprendizaje, pero la integración es fragmentaria, difícil, lenta y poco competente. “Muchos docentes sienten que tienen que relacionarse con las tecnologías porque sin esa vía de actualización se exponen a distintos tipos de situaciones no deseadas, como puede ser quedar en desventaja respecto de los estudiantes o poner en riesgo su posición laboral”, dice la autora.
Agrega luego que a pesar de que gran aparte de los maestros demuestra muy buena disposición a la integración de dicha tecnología en los procesos de enseñanza, al enfocar más específicamente sus prácticas se percibe cierta sensación de exterioridad y de distancia por parte de algunos de ellos, ya que consideran a las TIC “elementos ajenos al universo escolar” y al tipo de saber necesario para desenvolverse en él. No obstante, las identifican claramente como parte del mundo cotidiano.
Cabello, además hace referencia a la brecha digital que existe en los países periféricos en cuanto al acceso a las TIC. “Así es como se deposita en los sistemas educativos, sobre todo en los ámbitos de gestión pública, la expectativa de gestionar la desigualdad, disminuir la brecha y aumentar la inclusión”, sostiene. Y añade que, muchas veces, se tendió a homologar la inclusión digital con la inclusión social. En este punto, la autora menciona que también se encuentran conceptualizaciones que entienden la brecha digital independiente de otros factores que propician la desigualdad. Desde esta postura, dice, la posición que se ocupa del acceso y apropiación de las TIC no se relaciona directamente con la distancia social. “Sin embargo, esa supuesta autonomía se desvanece cuando esas mismas posturas deben justificar la necesidad de disminuir la brecha digital y terminan instalando la promesa del fin de la exclusión social”.
Cuestión de actitud
Volviendo a la integración de internet al sistema educativo, la investigadora alude a la visión que muchos padres y docentes poseen acerca de la herramienta. Expresa así que, a veces, es vista como un elemento de distracción que puede tornarse peligroso. Y explica que, de acuerdo con esas representaciones, uno de los peligros que encierra es la imposibilidad, de parte de docentes, de mantener el control del uso que realizan los estudiantes, de lograr que se aparten del entretenimiento y la curiosidad por lo prohibido y se acerquen permanentemente al aprendizaje y al estudio. Según la autora, ese temor se vincula también con otro, presente en maestros, profesores y directivos, que es la pérdida de control sobre el estudiante y la propia tecnología.
Posteriormente, Caballo menciona que se ha constatado que cuando los distintos actores de la comunidad educativa se familiarizan con las tecnologías digitales en general y con internet en particular, esas apreciaciones van desapareciendo pues se vislumbran sus potencialidades y aportes a una nueva manera de enseñar y de educar. “A medida que nuestra experiencia y prácticas se hacen más complejas y desarrollamos el hábito de reflexionar sobre las mismas, también tomamos distancia de la propia tecnología y podemos desactivar la representación sencilla, según la cual ella por sí misma produce cambios y cumple promesas”.
De acuerdo a la autora, en la escuela se combinan diferentes factores que condicionan la actitud que se asume respecto a la integración de tecnologías en los procesos de enseñanza. Dice así, basándose en estudios realizados en distintos países, que a medida que avanza el siglo XXI se ha ido desarrollando una postura ampliamente favorable a la integración tecnológica en las prácticas educativas.
A pesar de estas afirmaciones, señala que es necesario reconocer que distintos aspectos han influido en las actitudes de los docentes y han actuado como retardatorios del proceso de integración de las TIC. Entre éstos figuran el sexo y la edad de los docentes, además de la tradición escolar. Explica entonces que en la mayor parte de los países latinoamericanos, los docentes de primaria son mujeres que experimentan una doble sensación de exterioridad: no pertenecer a las tecnologías y que las tecnologías no pertenecen a la escuela. Al mismo tiempo, indica, cuanto más antigüedad se tiene en la docencia, más arraigo construyen algunas convicciones respecto de la vinculación de la escuela con la cultura letrada y el universo del libro en general.
Cabello sostiene más tarde que, en lo que respecta a la incorporación de internet, si bien es cierto que pueden observarse cambios a lo largo del tiempo, es justo señalar que la curva de penetración del medio en las aulas es mucho más lenta que la de otros dispositivos, y en parte eso se debe a cuestiones de actitud. “Hay aspectos de actitud que resultan de procesos sociogenéticos muy arraigados. Cuando los maestros hemos sido formados en el marco de un paradigma que se sostiene en la cultura letrada y la toma como parámetro de evaluación y legitimación fundamental de otras modalidades de producción y circulación de información y el conocimiento, resulta muy complejo abrir la perspectiva hacia las posibilidades que brinda otro medio como internet”.
Novatos vs expertos
Por otra parte, la investigadora menciona que, en la actualidad, muchos maestros son usuarios bastante “novatos” de internet, razón por la cual hacen usos muy básicos y esa relación tan inestable no les permite asegurarse la posibilidad de orientar el uso que realizan sus estudiantes, y así se impone la figura de la falta de control antes mencionada. Esto ocurre principalmente cuando los estudiantes son usuarios expertos: juegan, chatean, intercambian imágenes, buscan música y videos, participan de redes sociales, etc. Dice Cabello que todo esto favorece actitudes esquivas de parte de ciertos maestros y entiende necesario “cambiar la clave de la relación con el medio, pasar del puro y libre entretenimiento al aprendizaje orientado, sistemático y pautado”; aunque este proceso, asegura, requiere un esfuerzo para el maestro que debe encaminarlo.
“Aún cuando se usa internet únicamente en su función informativa, la relación con el medio requiere que el maestro asuma la posición de orientar a los estudiantes en el tipo de lectura que realizan, en la selección, clasificación y análisis de la información, en las modalidades de apropiación de esa información para construir aprendizajes”, asegura la investigadora.
Considera también que para aportar a la disminución de las distancias, la fragmentación social y cultural, es necesario ampliar las estrategias de alfabetización digital. “No porque pensemos que se trate de la manera más directa de aportar la solución de las diferencias sociales sino porque permite, reafirmando el rol socializador de la escuela, disminuir una de las tantas fracturas existentes: la que instala diferencias en las condiciones de aprendizaje y la relación con el conocimiento”.
Afirma luego que internet permite a docentes y alumnos expandir el universo de aprendizaje más allá de las paredes del aula y de la escuela, mediante la incorporación de otros tipos de lenguajes y formatos, ofreciendo oportunidades variadas y medios para la expresión y la experimentación. No obstante, señala, no es justo ni eficaz que la responsabilidad de crear esas condiciones recaiga casi exclusivamente en el docente. “El aprovechamiento de la información que circula en la red y de las diversas potencialidades que tiene el medio, requiere formas flexibles de relación con los datos y con el conocimiento, nuevos estilos organizativos en las instituciones escolares y nuevas formas de trabajar en el aula”.
*Es maestra normal superior, licenciada en Sociología (UBA) y doctora en Ciencias de la Comunicación Social (USAL). Se desempeña como Investigadora-Docente de la Universidad Nacional de General Sarmiento en Buenos Aires (Argentina), en donde coordina el programa Medios Informáticos en Educación (PROMINED). Se dedica a la investigación sobre los vínculos que distintos tipos de actores establecen con las tecnologías de la información y la comunicación en diferentes ámbitos. **En Las TIC en la escuela, nuevas herramientas para viejos y nuevos problemas, 15 especialistas de Iberoamérica analizan y discuten desde diferentes disciplinas y experiencias los principales interrogantes sobre el tema, desde la perspectiva de la escuela y sus actores.
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